Por un salario mínimo de convenio de 1.500 euros mensuales

Fecha: 18 Mar 2026

Lorenzo Ríos, Secretario General de UGT Navarra

El debate sobre el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) ha vuelto a situarse en el centro de la discusión social y política en los últimos meses. No es casualidad. El SMI se ha convertido en una de las herramientas más eficaces para combatir la precariedad laboral y reducir las desigualdades salariales en nuestro país. Sin embargo, junto a ese consenso creciente sobre su utilidad, han surgido propuestas que plantean territorializar el salario mínimo, estableciendo referencias diferenciadas en función de comunidades autónomas o territorios concretos.

Desde UGT Navarra creemos que este debate debe abordarse con serenidad, pero también con claridad. Porque detrás de algunas de estas propuestas no solo hay un planteamiento económico, sino también una determinada concepción del sindicalismo y de cómo se construyen los derechos laborales.

Para UGT, el SMI es ante todo un derecho laboral básico: un suelo mínimo de dignidad salarial que garantiza unas condiciones mínimas para el conjunto de la clase trabajadora, con independencia del territorio donde resida o desarrolle su actividad. Ese carácter común no es una cuestión menor. Forma parte de un modelo de cohesión social que ha permitido avanzar durante décadas en igualdad de derechos laborales.

Los resultados de este instrumento son evidentes. En apenas una década, el salario mínimo ha pasado de situarse en poco más de 9.000 euros brutos anuales a superar los 17.000 euros actuales. Es decir, prácticamente se ha duplicado. Y este avance no ha sido fruto de la casualidad. Ha sido el resultado de años de negociación, presión sindical y acuerdos alcanzados en el marco del diálogo social gracias al trabajo de UGT y CCOO.

Por eso cabe hacerse una pregunta legítima en este debate: ¿dónde estaban quienes hoy plantean modelos alternativos mientras, pacto a pacto y acuerdo a acuerdo, el sindicalismo de clase de UGT conseguía duplicar el salario mínimo en nuestro país durante la última década?
La realidad es que quienes hoy cuestionan el modelo de concertación social llevan años despreciando precisamente los espacios donde se consiguen avances reales para la clase trabajadora. El sindicalismo nacionalista representado por ELA y LAB ha construido buena parte de su discurso sobre la crítica permanente al diálogo social y a la negociación institucional. Sin embargo, los derechos laborales no se consiguen solo desde la protesta o el discurso. También se conquistan negociando, firmando acuerdos y asumiendo responsabilidades.

Fragmentar el salario mínimo por territorios no fortalecería a la clase trabajadora. Al contrario, introduciría diferencias entre trabajadores en función del lugar donde viven y podría abrir dinámicas de competencia territorial que históricamente han debilitado los derechos laborales. La fuerza del salario mínimo reside precisamente en su carácter común y en su capacidad para actuar como referencia básica para todas las personas trabajadoras.

Esto no significa ignorar las diferencias económicas entre territorios. Navarra tiene una realidad productiva y salarial propia, y también un coste de vida elevado que afecta especialmente a las familias trabajadoras. Pero la forma de abordar estas diferencias no es fragmentando el salario mínimo, sino reforzando el instrumento que históricamente ha permitido mejorar salarios de forma real: la negociación colectiva.

Los convenios sectoriales y territoriales permiten adaptar los salarios a la realidad económica de cada sector y cada territorio, estableciendo condiciones más favorables que el mínimo legal. De hecho, muchos de los convenios que regulan las condiciones laborales de miles de trabajadores y trabajadoras en Navarra salen adelante gracias a la responsabilidad negociadora de organizaciones sindicales que creemos en el acuerdo, como UGT.

SALARIO MÍNIMO DE CONVENIO

Precisamente en ese terreno queremos situar el debate real sobre los salarios en Navarra. Por eso UGT y CCOO hemos planteado una propuesta concreta: avanzar hacia un salario mínimo de convenio de 1.500 euros mensuales en nuestra comunidad.

Se trata de una propuesta seria, viable y coherente con la realidad económica de Navarra. No hablamos de crear marcos salariales identitarios ni de fragmentar derechos laborales, sino de utilizar la negociación colectiva para elevar los salarios reales de las personas trabajadoras.

Navarra cuenta con un tejido productivo competitivo y con empresas que, en muchos sectores, presentan niveles de productividad elevados. Creemos que ha llegado el momento de que esa realidad se traduzca también en una mejora de los salarios mínimos en los convenios colectivos.

Este es, a nuestro juicio, el debate importante: cómo conseguimos que ningún trabajador o trabajadora en Navarra tenga salarios por debajo de niveles que permitan vivir con dignidad.

Compartimos, por supuesto, la preocupación existente por el impacto del coste de la vida. El acceso a la vivienda, la evolución de determinados precios básicos o la pérdida de poder adquisitivo acumulada en algunos sectores son problemas reales que afectan a muchas familias trabajadoras. Pero estas cuestiones requieren respuestas estructurales que van más allá del salario mínimo: políticas públicas de vivienda, sistemas fiscales justos, servicios públicos fuertes y una negociación colectiva capaz de mejorar salarios reales.

UGT Navarra forma parte de una organización sindical que históricamente ha defendido la solidaridad entre trabajadores y trabajadoras de distintos territorios. Ese modelo sindical ha sido clave para construir derechos laborales comunes y avanzar en cohesión social.

El reto del sindicalismo hoy no es multiplicar marcos normativos diferenciados ni alimentar debates identitarios en el ámbito laboral. El verdadero reto es seguir elevando los salarios reales, recuperar poder adquisitivo y reducir las situaciones de precariedad que todavía persisten en nuestro mercado de trabajo.

El salario mínimo debe seguir siendo un instrumento de igualdad y de cohesión. Debe servir para unir derechos y reforzar la negociación colectiva, no para fragmentarlos.

Porque el trabajo digno no puede depender del código postal. Pero tampoco de discursos que critican permanentemente los acuerdos mientras otros sindicatos trabajamos, negociamos y firmamos los avances que hoy benefician a millones de trabajadores y trabajadoras.

SMI