El SMI debe unir derechos, no fragmentarlos

Fecha: 06 Feb 2026

Lorenzo Ríos, Secretario General de UGT Navarra

El debate sobre el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) ha vuelto a situarse en el centro de la discusión social y política en los últimos meses. No es casualidad. El SMI se ha convertido en uno de los instrumentos más eficaces para combatir la precariedad laboral y reducir desigualdades salariales en nuestro país. Sin embargo, junto a ese consenso creciente sobre su utilidad, han surgido propuestas que plantean territorializar el salario mínimo, estableciendo referencias diferenciadas en función de comunidades autónomas o territorios concretos., como en el caso de Navarra (algunos incluso lo hacen en referencia a nuestra comunidad como parte de Euskadi). Desde UGT Navarra consideramos necesario abordar este debate con serenidad, pero también con claridad.

Para UGT Navarra, el SMI no es únicamente una referencia económica. Es, ante todo, un derecho laboral básico que garantiza un suelo mínimo de dignidad salarial para el conjunto de la clase trabajadora, con independencia del territorio donde resida o desarrolle su actividad. Ese carácter común no es una cuestión menor ni simbólica. Forma parte de un modelo de cohesión social que ha permitido avanzar en igualdad de derechos laborales durante décadas.

Fragmentar ese suelo mínimo en función del territorio puede parecer, en apariencia, una respuesta adaptada a las diferencias económicas existentes entre comunidades. Sin embargo, desde nuestra perspectiva sindical, esa propuesta introduce riesgos importantes. El primero de ellos es la ruptura de un principio fundamental del sindicalismo de clase: la igualdad de derechos laborales básicos. Los derechos fundamentales del trabajo no pueden depender del lugar donde una persona viva o trabaje.

En los últimos años, el SMI ha demostrado ser una herramienta eficaz para mejorar las condiciones de vida de miles de personas trabajadoras. La evolución es evidente. En apenas una década, el salario mínimo ha pasado de situarse en poco más de 9.000 euros brutos anuales a superar los 17.000 euros actuales. Este avance no ha sido casual ni automático, sino fruto del diálogo social y de la negociación constante impulsada por UGT y CCOO. Y conviene plantear una pregunta legítima en este debate: ¿dónde estaban quienes hoy defienden marcos salariales alternativos mientras, pacto a pacto, negociación a negociación, el sindicalismo de clase conseguía duplicar el salario mínimo en nuestro país durante la última década?

Estos avances han sido posibles gracias a un marco de diálogo social estatal que ha permitido alcanzar acuerdos amplios entre organizaciones sindicales y el Gobierno. Territorializar el SMI supondría fragmentar ese espacio de negociación y debilitar la capacidad de acción colectiva del movimiento sindical. Cuando los trabajadores negocian de forma conjunta y desde marcos amplios, su capacidad de influencia es mayor. Cuando se fragmentan los espacios de negociación, también se fragmenta la fuerza colectiva.

Desde UGT Navarra defendemos que las diferencias económicas o de coste de vida existentes entre territorios deben abordarse a través del instrumento que históricamente ha permitido mejorar salarios de forma eficaz: la negociación colectiva. Es en los convenios sectoriales y de empresa, donde se pueden establecer salarios superiores al mínimo legal, introducir pluses específicos o adaptar condiciones laborales a la realidad productiva y social de cada territorio.

El SMI debe ser siempre un suelo, nunca un techo. Y precisamente por eso, desplazar el debate hacia la creación de salarios mínimos territoriales puede acabar desviando la atención del verdadero objetivo: elevar los salarios reales mediante convenios colectivos más ambiciosos y condiciones laborales más justas.

Además, abrir la puerta a salarios mínimos diferenciados puede generar dinámicas de competencia territorial que históricamente han demostrado ser perjudiciales para la clase trabajadora. Existe el riesgo de que se generen presiones salariales a la baja en aquellos territorios con menor capacidad negociadora o con estructuras productivas más vulnerables. UGT siempre ha defendido que la mejora de las condiciones laborales debe construirse desde la solidaridad entre trabajadores y trabajadoras, no desde la competencia entre territorios.

Compartimos, por supuesto, la preocupación existente sobre el impacto del coste de la vida en Navarra. Somos plenamente conscientes de las dificultades que afrontan muchas familias trabajadoras, especialmente en ámbitos como el acceso a la vivienda o la evolución de determinados precios básicos. Sin embargo, entendemos que estas cuestiones requieren respuestas estructurales que van más allá del salario mínimo. Políticas públicas de vivienda, sistemas fiscales progresivos, refuerzo de servicios públicos o mejoras en la negociación colectiva son herramientas mucho más eficaces para abordar estos desafíos.

El reto principal del sindicalismo en el momento actual no es multiplicar marcos normativos diferenciados, sino conseguir que los salarios reales sigan creciendo, que se recupere poder adquisitivo y que se reduzcan las situaciones de precariedad laboral que todavía persisten en nuestro mercado de trabajo. Ese debe ser el centro del debate.

El salario mínimo debe seguir siendo un instrumento de cohesión, de igualdad y de progreso social. Debe servir para garantizar condiciones laborales dignas para todas las personas trabajadoras. Porque el trabajo digno no puede depender del código postal. Y porque la mejora de los derechos laborales solo puede construirse desde la unidad y la solidaridad de la clase trabajadora.

 

Lorenzo Ríos, Secretario General de UGT Navarra

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