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El sindicalismo, Santiago Cervera y las pensiones

01/02/2018 | Jesús Santos Pérez, Secretario General de la UGT de Navarra.

El pasado 21 de enero, desde ese púlpito titulado, para sonrojo de muchos, “republicanismo”, Santiago Cervera se encarnó en su tocayo el “matamoros” y arreó sin misericordia, ni vergüenza, ni argumentos contra la UGT. No es la primera vez que muestra su inquina contra el sindicato, pero en esta ocasión los insultos a miles de afiliados y afiliadas y cientos de representantes sindicales han pasado de la raya.

Para reivindicar su cuota de protagonismo en la campaña de acoso y derribo del sistema público de pensiones, la eterna promesa de la derecha neoliberal trató de descalificar la campaña que está desarrollando nuestro sindicato, por llamar a las cosas por su nombre y a la subida del 0,25% aplicada por el Gobierno del PP a las pensiones como lo que es, una mierda. “Algo escatológico, propio de la cutrez inherente al sindicato”, escribió este finolis impregnado de la insensibilidad social inherente a la ideología que predica, que de niño, y de acuerdo con la nueva estratificación social de la infancia que han inventado sus ex compañeros de partido, diferenciando entre niños pobres y normales, con toda seguridad fue “normal”.

No se quedó ahí. El predicador tuvo la cara dura de describir a la UGT como “el sindicato de los liberados por doquier, las subvenciones por la cara, el fraude en los cursos de formación y la holgazanería retribuida”. De inmediato me vino a la cabeza mi compañero Melchor Calleja, liberado sindical durante años en su fábrica Bendibérica, a la que cada día acudió a las 6 de la mañana, galardonado por el Ministerio con la medalla al mérito en el trabajo y hoy jubilado con una mierda de subida en su pensión. Y la comparación entre las ridículas subvenciones que recibimos los sindicatos por nuestra representatividad, para ejercer la defensa de los intereses que nos encomienda la Constitución, y las que generosamente se autoasignan los partidos políticos, que ocupan similar rango en nuestra Carta Magna.

También me repatea la, tan recurrente como falsa, acusación de fraude sindical en la gestión de la formación, más cuando el dedo acusador pertenece a alguien que lideró en Navarra un partido que en Madrid y la Comunidad Valenciana tiene a la mayor parte de sus dirigentes procesados por corrupción. Y tener que aguantar la descalificación de “holgazanería retribuida” de alguien que jamás ha ejercido su profesión, ya que desde su más tierna infancia ha vivido de la política, con cargo en todas las Administraciones del Estado y sueldo público a cargo de los contribuyentes, manda “güevos”, que diría otro ex correligionario del articulista.

A Santiago Cervera, a los neoliberales dogmáticos, al negocio de los fondos privados de pensiones, a los manager del capitalismo, a las élites económicas y financieras no solo les resulta cutre y grosero el sindicalismo, sino que la mera existencia de trabajadores les parece algo ordinario e insufrible, solo que inevitable para la perpetuación del sistema de apropiación de las plusvalías que genera el obrero, un lucro al que no están dispuestos a renunciar.

Tráguese pues su rencor social y su distinguido clasismo, que el sindicalismo, sus afiliados, sus delegados y sus dirigentes vamos a seguir peleando por salvaguardar el sistema público de pensiones y por garantizar unas pensiones suficientes para que quienes han entregado buena parte de su vida al trabajo, tengan unas condiciones dignas de vida tras la jubilación.

Y no necesitamos recetas antidemocráticas como las que sugiere el ex diputado, que tilda el procedimiento democrático de “falaz, cortoplacista e insolvente” y propone encerrar a doce listos en una oficina secreta para que decidan sobre nuestras pensiones e impongan su superior criterio al Parlamento. Curiosa forma de degradar todavía más su propia trayectoria política.

Lo que exige nuestro sistema público de pensiones son soluciones razonables y consensuadas. Y la UGT viene proponiendo con insistencia algunas que, al menos, merecen tenerse en cuenta, como son la revisión de las fuentes de financiación, reforzando las cotizaciones con impuestos de carácter finalista, que además volverían a rellenar la hucha de las pensiones, y la erradicación del déficit de la Seguridad Social, acabando con las bonificaciones a la contratación de las empresas, financiando los gastos de la Seguridad Social desde los Presupuestos Generales del Estado, como ocurre con el resto de los ministerios y organismos públicos, y destopando las bases de cotización.

Porque si a la pérdida de poder adquisitivo que provocan las subidas raquíticas de las pensiones en relación a la evolución de los precios, unimos la precarización del mercado de trabajo, con salarios bajos, cotizaciones mínimas y periodos cortos de cotización, y la brecha salarial de género, que también se proyecta sobre las pensiones de las mujeres, estaremos cerrando el círculo del empobrecimiento masivo de nuestros mayores. Con el agravante, además, de que los pensionistas han sido el colchón económico de miles de familias durante estos años de crisis económica brutal. Pero seguramente eso sólo les importa y les preocupa a quienes fueron niños pobres y de mayores siguen padeciendo estrecheces.

Jesús Santos Pérez, Secretario General de la UGT de Navarra.

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