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Los retos y prioridades que tiene Navarra

08/01/2018 | Jesús Santos, Secretario General de la UGT de Navarra

El tránsito de un año a otro suele ser momento de hacer balance y establecer objetivos, más todavía cuando encaramos el último año completo de la presente legislatura, antes de emprender una nueva carrera electoral. Y como cada año, desde hace diez, empleo y paro siguen siendo las dos caras de esa moneda que vemos girar en el aire hasta saber de qué lado cae.

En 2017 ha vuelto a caer del lado del empleo, pero de un tipo de empleo que no sirve a la mayor parte de quienes lo logran por primera vez o lo recuperan, tras un periodo más o menos largo de haberlo perdido, más allá del mero consuelo por abandonar las listas del paro. Y no es cuestión de despreciar que en los últimos doce meses hayamos podido contabilizar 7.800 personas ocupadas más y 5.600 personas desempleadas menos. Simplemente, se trata de que a una ocupación con semejante temporalidad, con trabajos a tiempo parcial no voluntarios y con salarios que en un altísimo porcentaje no alcanzan los mil euros al mes, no puede denominarse con propiedad empleo.

Frente a esta realidad, que debería avergonzarnos como sociedad avanzada y próspera que fuimos y que pretendemos volver a ser, no se está actuando con la decisión y la firmeza necesarias. No es de recibo que el llamado Gobierno del cambio no haya sido capaz todavía de poner en marcha un Plan de Empleo que permita a Navarra corregir una situación inaceptable. Porque seguimos teniendo a 32.800 ciudadanos y ciudadanas sin trabajo. Y todavía peor es que este Gobierno cuatripartito, de fuerzas que se reclaman progresistas, se esté convirtiendo en un agente de precarización del mercado laboral, incentivando las bajas temerarias en los procesos de subcontratación de obras y servicios.

Y mientras esto ocurre, la patronal navarra sigue cómodamente parapetada tras la reforma laboral más agresiva contra los derechos de los trabajadores y más inútil para mejorar la competitividad de las empresas de la historia de este país, disfrutando de las ventajillas a corto plazo que otorga, pero incapaz de ver que este modelo de trabajo precarizado es una trampa para el futuro de las empresas y de la economía, que solo nos puede llevar a perpetuar una sociedad pobre y con grandes desigualdades, es decir, a generar un polvorín social. Necesitamos un acuerdo marco sobre negociación colectiva, que se plasme en unos convenios colectivos decentes, que ponga orden en el mercado de trabajo y dignifique el empleo. Ésa es la mejor aportación y el mejor servicio que los agentes económicos y sociales podemos hacer a Navarra en este momento.

Pero la mejora de la economía y del empleo depende de otras decisiones estratégicas sin las cuales no habrá crecimiento sólido ni sostenible en el tiempo. No es de recibo que nuestro Gobierno foral haya estado jugando al gato y el ratón con el Gobierno de España a propósito de infraestructuras como el TAV o el Canal, como consecuencia de las desavenencias internas entre las fuerzas que lo sostienen. Ni nos podemos permitir que Navarra quede al margen de la red ferroviaria europea de alta velocidad, ni la Ribera puede prescindir de la potencialidad agraria e industrial que supone el agua de Itoiz en cantidades suficientes. Y necesitamos que la red de comunicaciones de banda ancha llegue a toda Navarra. Estamos hablando de actividad productiva y empleo, de sectores como la Construcción, la Industria en general y el sector agroalimentario en particular, de la actividad agraria, de nuestra capacidad exportadora, etc., que sin tren, sin agua y sin banda ancha tendrían su futuro muy comprometido. Y estamos hablando de recuperar el equilibrio territorial entre comarcas, algunas castigadas por la crisis con una intensidad muy superior a la de Pamplona.

Impulsar un tejido productivo sólido y competitivo, una industria moderna y tecnológicamente puntera, un empleo estable, de calidad y con salarios dignos, reforzar los servicios públicos y la red de protección social para combatir la pobreza y las desigualdades crecientes, y hacerlo con una política fiscal justa, progresiva y razonable, son las necesidades que tiene nuestra sociedad y deberían ser las prioridades de cualquier Gobierno con una orientación social y un afán de redistribución de la riqueza.

Pero me temo que estas prioridades están quedando relegadas y subordinadas en la acción del Gobierno cuatripartito a los objetivos identitarios de su componente nacionalista más sectario, que pretende euskaldunizar a marchamartillo la Administración y el conjunto de nuestra sociedad, tratando de imponer a la mayoría castellanohablante la lengua de la minoría vascoparlante, estableciendo mecanismos de discriminación y desigualdad para esa mayoría en el acceso al empleo público y quién sabe si también, en el futuro, al privado. Flaco favor al euskera como patrimonio común y vehículo voluntario de comunicación, a la pluralidad lingüística e identitaria de Navarra, y al progreso de nuestra sociedad, que tiene otras prioridades y otros retos económicos y sociales inmediatos, y que reclama una convivencia respetuosa entre diferentes sensibilidades.

Jesús Santos Pérez, Secretario General de la UGT de Navarra.

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