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Primero de Mayo: 125 años y un reto

30/04/2015 | Javier Lecumberri Urabayen, Secretario General de la UGT de Navarra

Este año 2015 se cumple el 125 aniversario de la celebración del Primero de Mayo en España. En nuestro país, la UGT, que había nacido dos años antes (1888), impulsó esta jornada reivindicativa siguiendo la resolución aprobada en 1889 en París por el Congreso de la II Internacional. Solo habían pasado tres años de los luctuosos sucesos de Chicago, en los que durante una manifestación para reivindicar la jornada laboral de 8 horas, se produjo una masacre en la que perdieron la vida 38 obreros y 6 policías y resultaron heridas otras 115 personas.

En Pamplona, este Primero de Mayo inaugural pasó casi completamente desapercibido, salvo por el despliegue de fuerzas que, con carácter preventivo, realizó el Gobernador Civil: 51 guardias en las inmediaciones de la Diputación y otros 30, preparados en el cuartel de la calle Mayor, según relata el historiador Ángel García Sanz, en su biografía sobre el fundador de la UGT en Navarra, Gregorio Angulo.

No será hasta 1902, un año después de la constitución de la UGT en nuestra Comunidad, cuando una comisión integrada por Azpíroz, Angulo, Espinosa y Uriz presenta un programa de actos para conmemorar el Primero de Mayo (música, mitin, manifestación, entrega de conclusiones a las autoridades, gira campestre y serenata), recibiendo la autorización del Gobernador Civil.

En 1903, la Federación de Sociedades Obreras que integran la UGT entrega a las autoridades sus principales reivindicaciones en el transcurso de la manifestación: establecer un laboratorio químico para analizar los alimentos, prohibir la venta de bebidas alcohólicas a menores de 16 años, subvencionar a las obreras parturientas, abolir el impuesto de consumos, cumplir las Ordenanzas Municipales de higiene y seguridad, y jornada de ocho horas para los obreros municipales.
En los años siguientes se van incorporando nuevas reivindicaciones, entre ellas, prohibir el trabajo a los menores de 14 años y jornada de seis horas para los de 14 a 18 años, suprimir el trabajo nocturno, prohibir que hubiese más de 40 niños por aula, facilitar dos trajes a los niños pobres o conducir a casa a los borrachos en un carro a cargo del último que les vendiera la bebida, reivindicación esta última que hoy puede resultar un tanto pintoresca, pero que conectaba perfectamente con la preocupación de las organizaciones obreras de la época por la salud pública.

Como se ve, la combinación de reivindicaciones laborales y sociales ha sido una constante del movimiento sindical encarnado por la UGT a lo largo de sus más de cien años de historia. Lo fue en el tránsito entre los siglos XIX y XX, y lo sigue siendo en estos primeros años del siglo XXI.

Lo peor es que buena parte de los derechos laborales y sociales logrados con grandes sacrificios a lo largo de más de un siglo se han perdido en menos de una década de crisis, con un acelerado deterioro de las condiciones laborales y ese “golpe” al Derecho del Trabajo que supuso la última reforma laboral.
Aunque parezca mentira, hoy nos vemos obligados a reivindicar nuevamente la jornada de 8 horas, bien porque a muchos trabajadores se les obliga a trabajar jornadas superiores sin remuneración alguna, bien porque a otros y, sobre todo, a muchas trabajadoras, se les fuerza a trabajar jornadas parciales con salarios inferiores e insuficientes para vivir con dignidad.

Y es que nuestro mercado laboral ha sufrido un drástico cambio, que está acabando con el trabajo en condiciones dignas y revestido de derechos, para transformarlo en una actividad de pésima calidad, caracterizada por la precariedad, la temporalidad, la parcialidad involuntaria y salarios de supervivencia.
Por tanto, frente al martilleo a que nos somete la propaganda neoliberal, ni la explotación es cosa del pasado, ni los sindicatos son antiguallas de las que se puede prescindir, ni las reivindicaciones sindicales pura retórica, ni el 1 de mayo una fecha vacía de contenido.

En esta coyuntura, el movimiento sindical, y particularmente la UGT, tenemos un reto fundamental: recuperar para los trabajadores todos y cada uno de los derechos sociales y laborales que les han sido arrebatados, empezando por el empleo, y restaurar, a través de la negociación colectiva, unas condiciones laborales propias del siglo en que vivimos y no de lejanos y oscuros periodos de triste recuerdo.

Publicado en Diario de Navarra y Diario de Noticias

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