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La prevención de riesgos laborales, en retroceso

15/02/2016 | María Simón Muro, Secretaria de Acción Sindical de la UGT de Navarra

El pasado 10 de febrero se cumplieron 20 años de la entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, una ley que ha sido una herramienta fundamental para reducir la siniestralidad laboral en Navarra y en el conjunto del país, a partir del cambio que introdujo en la gestión de los riesgos. Pero la valoración de los avances no puede llevarnos a cerrar los ojos ante las insuficiencias, especialmente en lo relativo a las actuaciones de las empresas y de la Administración.

El gran salto adelante que supuso esta ley fue pasar de un enfoque reactivo, de reparación del daño una vez producido, a un enfoque preventivo, es decir, adelantarse al accidente adoptando medidas para evitarlo o para reducir al mínimo la probabilidad de que se produzca. Este cambio significaba, desde el punto de vista de la gestión empresarial, concebir la prevención como una inversión y no como un gasto.

La evolución en esta materia fue positiva hasta el año 2012, en el que la persistencia de la crisis económica, la agudización de sus efectos sobre la economía de las empresas y la radical modificación del marco legal introducida por la reforma laboral produjo un claro cambio de tendencia. La siniestralidad comienza de nuevo a crecer, rompiendo una tendencia descendente de más de una década, en buena parte como consecuencia de los recortes en materia preventiva, que vuelve a ser un gasto prescindible y útil para equilibrar las cuentas de resultados.

En cuanto a las enfermedades profesionales es necesario redoblar los esfuerzos para que afloren todas las enfermedades relacionadas con el trabajo que todavía están ocultas, los trastornos músculo esqueléticos, las patologías derivadas de los riesgos psicosociales o los cánceres de origen profesional, que son aún una asignatura pendiente en la prevención de riesgos laborales.

El deterioro provocado en las condiciones de trabajo por la crisis y la reforma laboral ha sumado nuevos riesgos a los tradicionalmente existentes. La precariedad, la temporalidad, la subcontratación, el trabajo a turnos y los ritmos de trabajo están produciendo un importante número de riesgos psicosociales como ansiedad, estrés, violencia en el trabajo y carga mental, que cada vez soportan con mayor frecuencia los trabajadores.

Junto a estas condiciones laborales, que además están en el origen de buena parte de los accidentes de trabajo, han surgido nuevos riesgos derivados de la utilización de nuevas tecnologías, de la introducción de nuevas sustancias químicas con efectos desconocidos para la salud o del uso de nanotecnologías.

El hecho cierto es que la prevención que están realizando muchas empresas, sobre todo pequeñas y medianas, es más formal que real, buscando cubrir el expediente para evitar la multa o sanción. Desgraciadamente, sigue existiendo una ausencia total de auténtica cultura preventiva, porque no hay concienciación en las empresas, pero tampoco en las Administraciones.

La participación de los trabajadores, a través de la representación sindical, ha sido un factor de mejora indiscutible. Y a ello ha contribuido tanto la formación de carácter técnico como la creación de una representación especializada de los trabajadores en materia preventiva, a través de la figura de los delegados de prevención. Actualmente, en la mayor parte de los centros de trabajo con más de 50 trabajadores existen delegados de prevención. Y se ha demostrado que en las empresas en las que hay presencia sindical, la siniestralidad laboral es menor y las condiciones de seguridad y salud son sensiblemente mejores.

Por eso mismo, resultan incomprensibles los recortes presupuestarios que el actual Gobierno de Navarra ha aplicado en esta materia y que significan la desaparición de los programas, desarrollados mediante convenios con las organizaciones sindicales y empresariales, de dinamización de la cultura preventiva y del Delegado de la Comunidad Foral para la prevención de riesgos laborales, figura ésta que era clave para desarrollar la prevención en las pequeñas empresas, que son precisamente las que carecen de representación sindical y las que sufren el mayor número de accidentes laborales. Con toda seguridad, lamentaremos estas decisiones.

Artículo publicado en Diario de Navarra el 13 de febrero de 2016

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