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Día de la mujer invisible

09/03/2015 | Ana Irene Rodeles Lizarbe, Presidenta del Comité de Empresa de la ONCE en Navarra

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora se proclamó en 1910 y empezó a celebrarse el 19 de marzo del año siguiente con el objetivo de promover la igualdad de derechos entre los sexos. Hubo muchos mítines a los que asistieron cientos de miles de personas, que exigieron para las mujeres el derecho al voto y a ocupar cargos públicos; el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

En los últimos años hemos visto que los avances conseguidos, no sin grandes esfuerzos, para que la legislación reconozca esa igualdad, se han ralentizado y en ocasiones desaparecido, a medida que se desmantelaba el Estado de Bienestar.

Pero hay un colectivo, el de las mujeres con discapacidad, que no ha disfrutado de ese Estado de Bienestar y que durante años ha permanecido oculto para el resto de la sociedad.

Debemos aprovechar este día de reivindicación para denunciar que la tan traída y llevada crisis económica, si bien ha afectado a todos los trabajadores en general y a las mujeres en particular, se ha cebado especialmente con las personas que están en situación de mayor vulnerabilidad, sin que ningún indicador apunte un cambio a corto o medio plazo.

La Unión General de Trabajadores de la ONCE insiste en la necesidad de conseguir empleo de calidad, incluyendo en el marco de los convenios colectivos, cláusulas de acción positiva encaminadas a la promoción y la formación de estas mujeres discapacitadas.

No estamos inventando nada. Es algo que ya figura entre los aspectos más llamativos de la Convención del Alto Comisionado sobre derechos Humanos de Naciones unidas, en relación con la violencia contra las mujeres y niñas con discapacidad. En este documento se pone de manifiesto la invisibilidad y discriminación de las mujeres víctimas de violencia, a pesar de reconocer que las que tienen alguna discapacidad están doblemente discriminadas.

Es necesario incorporar la perspectiva de género en todas las actividades destinadas a promover el pleno disfrute de los derechos y libertades, y velar para que se tenga en cuenta a estas mujeres en los programas y políticas públicas sobre la prevención de violencia de género.

Hay que elaborar y desarrollar estrategias, políticas y programas en todos los sectores: educación, empleo, salud, seguridad social… para promover la autonomía y la plena participación de las mujeres y niñas con discapacidad en la sociedad.

Y esta es una tarea que nos atañe a todos, sin exclusión. No podemos quedarnos impasibles ante una situación discriminatoria de esta envergadura.
¿Por qué las empresas incumplen sistemática y conscientemente la obligación de contratar un porcentaje de personas con discapacidad para formar parte de su plantilla? Esto lo dice la ley, pero ¿por qué no se cumple?, ¿por qué nadie hace que se cumpla?

No es tarea fácil. Propiciar un cambio de conciencia supone casi una revolución sociocultural. Pero hay que acometerla y un primer paso puede ser atajar algunas conductas, claramente discriminatorias, que no consideramos tales, como por ejemplo utilizar un lenguaje despectivo o sexista con el que tiene algo ‘diferente’, porque ser, es igual que el resto.

Hoy es un buen día para hacer un llamamiento a los ciudadanos a que respeten los derechos de todos y hagan respetar los suyos propios, en pro de una sociedad más justa e igualitaria y para exigir a nuestros dirigentes que hagan de este asunto una prioridad.

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