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Un mensaje de confianza

30/10/2018 | Jesús Santos Pérez, Secretario General de la UGT de Navarra

La revisión del Acuerdo Intersectorial de Navarra sobre Relaciones Laborales que hemos suscrito la patronal CEN y los sindicatos más representativos de nuestra Comunidad, UGT y CCOO, puede leerse e interpretarse desde puntos de vista tan diversos como distintos somos los firmantes y los intereses que representamos, pero por destacar lo común a todos, yo diría que envía un mensaje de confianza en Navarra, en su economía y en la responsabilidad de quienes representamos a los dos principales factores de producción, el capital y el trabajo.

A nadie se le escapa que un marco de confianza es imprescindible para fomentar la inversión, propia y ajena, más cuando esta inversión es necesaria para recuperar los niveles de actividad y sobre todo de empleo de calidad anteriores a la gran crisis que hemos padecido. Probablemente, la confianza en Navarra como destino de la inversión productiva sería todavía mayor si contáramos con un Plan de Empleo que concitara un amplio respaldo político y social.

La UGT no pierde la esperanza en que nuestro Gobierno abandone su equívoco comportamiento en materia al diálogo social y concertación, con una total contradicción entre el discurso y los hechos, seguramente obligado por la presión de algunos miembros del cuatripartito, y actúe con la inteligencia, el valor y la responsabilidad que la situación de nuestro mercado de trabajo exige. Necesitábamos un Plan de Empleo al principio de esta legislatura, lo seguimos necesitando ahora, aunque falten pocos meses para las elecciones, y lo necesitaremos después de los comicios, si el plan continúa esperando en algún cajón del Palacio de Navarra.

Y en ausencia del Plan de Empleo, esta actualización del Acuerdo Intersectorial cobra una importancia estratégica, ya que refuerza la estabilidad económica de Navarra, consolida un marco de relaciones laborales presidido por la negociación y basado en el compromiso mutuo, favorece la competitividad de las empresas y ofrece a los trabajadores y trabajadoras horizontes ciertos de mejora de sus condiciones de trabajo y de vida, puesto que va a posibilitar que reviertan los recortes laborales, salariales y sociales sufridos en el seno de las empresas durante los años de crisis.

Es verdad que un acuerdo de estas características, a diferencia de un convenio colectivo, no es ley, pero es absolutamente falso afirmar, como han hecho los sindicatos nacionalistas, que no contiene ningún compromiso, ya que precisamente el acuerdo en sí mismo es un compendio de compromisos, de una gran trascendencia para el futuro desarrollo de la negociación colectiva y para la recuperación de derechos laborales y mejoras salariales.

De entrada, ambas partes asumimos la necesidad de restablecer el equilibrio en las relaciones laborales entre patronal y sindicatos, fracturado por la reforma laboral. Además, nos marcamos como objetivo común extender la cobertura de los convenios colectivos a la totalidad de las trabajadoras y trabajadores de Navarra.

No sólo eso. Asumimos la prioridad aplicativa del convenio sectorial sobre el de empresa, así como que las tablas salariales de los convenios sectoriales se conviertan en un suelo salarial, estableciendo un dique frente a la utilización de empresas multiservicios como instrumento de devaluación de los salarios. Y también nos comprometemos a establecer el salario mínimo de convenio en 14.000 euros desde la firma de este acuerdo, sin esperar al año 2020 establecido en el IV Acuerdo estatal para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC).

No me voy a extender en los contenidos recogidos en el acuerdo para limitar la actuación unilateral de los empresarios sobre despidos, modificación sustancial de condiciones de trabajo o inaplicación de los convenios. Ni sobre otros aspectos fundamentales para la calidad del empleo relacionados con la lucha contra la desigualdad por razón de género, la seguridad y salud laboral, la formación ocupacional, el medio ambiente o la economía sumergida.

Este acuerdo surge de la convicción de ambas partes de que no nos podíamos permitir el lujo de desaprovechar el cambio de ciclo económico para reconstruir lo destrozado por la crisis. Su mayor o menor impacto va a depender de la capacidad y de la fuerza sindical que acumulemos para concretar y materializar su contenido en todos y cada uno de los convenios colectivos que negociemos. Sería mayor si los sindicatos nacionalistas, especialmente ELA, abandonasen la cómoda posición de criticar lo que hacemos los demás y asumieran la responsabilidad de negociar y acordar. Pero en este caso, apenas nos quedan esperanzas de un cambio de actitud.

Así que, como casi siempre, en ausencia de quienes apelan a la confrontación como coartada para no hacer nada, nos echaremos a la espalda la responsabilidad de recuperar derechos y mejorar las condiciones de trabajo, con toda nuestra capacidad de negociación y la fuerza que la clase trabajadora nos otorgue en las elecciones sindicales.

Jesús Santos Pérez, Secretario General de la UGT de Navarra.

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