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Memoria histórica y de clase

16/03/2015

El pasado más brutal ha vuelto a nuestro presente con motivo del descubrimiento, en una sima de la sierra de Urbasa, de los restos de al menos cinco miembros de la Ejecutiva local de UGT de Etxarri-Aranatz, asesinados y arrojados a la sima en 1936. Un año que parece lejano, pero que para sus familias ha sido un angustioso y continuo presente. Un año en el que fueron asesinados, y sus familias sometidas a todo tipo de humillaciones, más de 3.000 navarros, de los que unos 1.300 eran afiliados a UGT, incluidos casi todos los cuadros dirigentes del sindicato en Navarra y de las diferentes juntas locales de UGT, como es el caso de los compañeros de Etxarri.

Un tiempo en el que, por ejemplo, fue aniquilada la Junta Directiva de la Cooperativa de Viviendas Sociales de UGT, creada para posibilitar el acceso de los trabajadores a viviendas dignas a precios asequibles y que ya entonces sufrió la oposición frontal de los poderes económicos; en el que fueron asesinados los miembros de la Comisión Rectora del economato obrero del sindicato y represaliada la Dirección del seguro médico obrero de la UGT, organismos creados para atender las necesidades de los trabajadores y sus familias, en unos tiempos en los que no existían ni Seguridad Social, ni prestaciones por jubilación, enfermedad o desempleo.

De la dimensión de la masacre da cuenta un estudio realizado por la UPNA, según el cual, el 50% del total de los cargos públicos fusilados en Navarra eran miembros de UGT, a lo que si sumamos el 11,5% de los asesinados, que tenían el carné del Partido Socialista, entonces afiliados todos a la UGT, y el 19% que pertenecían a Izquierda Republicana, partido que contaba también con un alto porcentaje de ugetistas, nos lleva a un escalofriante dato sobre el sacrificio padecido por nuestro sindicato.

Fue aquella una generación de valientes navarros que no debemos olvidar, entre los que se encuentran Gregorio Angulo Martinena, cantero tafallés, fundador e histórico Presidente de la UGT en Navarra, hombre íntegro fusilado a sus 72 años a las afueras de Ibero, o el maestro de escuela Ricardo Zabalza Elorga, baztanés de Errazu, líder de la UGT en Navarra y responsable nacional del sindicato, fusilado a los 42 años, que tuvo valor tanto para tomar parte, armado de un rifle, en el asalto al Cuartel de la Montaña en Madrid, como para luchar activamente para acabar con las tropelías hacia personas y bienes realizadas en la zona republicana, y que momentos antes de su fusilamiento escribió a su familia: “el pulso firme con que os escribo os dirá cuál es el estado de mi conciencia. Ella es un juez incorruptible y me dice que soy inocente". Su hermano Javier, refugiado en Burgui, también fue asesinado en un acto cobarde, en los alrededores de Jaca.
Y qué decir del pamplonés Corpus Dorronsoro Arteta, dirigente socialista y de la UGT, fusilado en Monreal junto a su hermano y uno de sus hijos, un hombre justo que predicaba el respeto a las ideas ajenas y el acceso universal a la educación. Y de valientes defensoras de los derechos de las mujeres como Julia Álvarez Resano, de Villafranca, maestra, abogada de la Federación de Trabajadores de la Tierra de la UGT, y la primera mujer que ocupó el cargo de Gobernadora Civil en España, muerta en el exilio.

Sin olvidar tampoco, porque es de justicia, a la primera víctima del golpe faccioso en nuestra tierra, el Jefe de la Guardia Civil en Navarra, capitán José Rodriguez-Medel, asesinado por defender el orden constitucional de la República.

Todos debemos agradecer el trabajo extraordinario que muchos realizan por recuperar su memoria y hacer justicia, reparar su buen nombre y buscar sus restos mortales para darles un digno enterramiento, especialmente a la Asociación de familiares de Fusilados AFFNA (poseedora de la medalla de oro de la UGT de Navarra), la Fundación Aranzadi, Altaffaylla Kultur Taldea, la Fundación Largo Caballero y personas comprometidas y que han trabajado incansablemente como Ioseba Eceolaza y tantos otros.

Y como la autocrítica forma parte de la mejor tradición de la izquierda que estamos reivindicando, quiero pedir humildemente disculpas en nombre del sindicato a todos ellos si, ocupados por la actividad diaria que nos exige la lucha constante por mantener lo que tanto costó conseguir, no hemos estado en este frente a la altura que nos correspondía. Nuestra voluntad y nuestro compromiso son remediarlo de inmediato.
Tampoco olvidamos que, por desgracia, en el actual periodo democrático, hemos tenido que sufrir nuevamente el macabro espectáculo del asesinato cobarde, mediante tiro en la nuca o coche bomba, de ciudadanos inocentes, también sin juicio ni condena, e igualmente en el supuesto nombre de una patria. Varios de ellos, por cierto, también de la UGT.

Aquellas y estas eran gentes luchadoras, valientes, sensatas y respetuosas con los discrepantes, internacionalistas convencidos, defensoras de la justicia social, de la igualdad de derechos, de la democracia y de la libertad basada en el respeto al contrario. En su memoria, quiero reafirmar nuestro compromiso militante con sus ideales y acabar con las palabras recogidas en la declaración del Parlamento de Navarra de 26 de marzo de 2013: “Nunca más y para nadie aquellos horrores”.

Publicado en Diario de Noticias el sábado 14 de marzo

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