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Mejorar los salarios, una medida imprescindible

17/01/2017 | Jesús Santos, Secretario General de la UGT de Navarra

Es una cuestión de justicia, sí. Pero también de inteligencia, ya que la mejora del poder adquisitivo de los salarios es una de las medidas más sencillas, inmediatas y eficaces para impulsar el consumo y la inversión y, como consecuencia, para sostener e impulsar el crecimiento económico que venimos registrando desde hace dos años.

Los trabajadores de este país y de esta Comunidad hemos sufrido en mucha mayor medida de lo que nos correspondía las consecuencias de la llamada gran recesión desatada en el año 2007. Y no sólo porque no tuvimos ninguna responsabilidad en las causas que provocaron la hecatombe, sino porque la distribución de los daños ha sido completamente desproporcionada, como lo demuestra el hecho de que mientras se disparaba el número de pobres, se multiplicaba también el número de ricos, provocando una fosa de desigualdad que se ha convertido en la mayor amenaza para nuestra democracia.

Primero fue el paro, ya que las empresas recurrieron a la “flexibilidad externa”, eufemismo bajo el que se oculta el despido puro y duro, para reequilibrar sus cuentas de resultados. La consecuencia, incentivada hasta extremos irracionales por la reforma laboral, con la eliminación de las causas de despido y el establecimiento de indemnizaciones a precio de saldo, ha sido el desempleo masivo.

Para quienes conservaron el puesto de trabajo, vino después la devaluación de las condiciones laborales y salariales, para lo cual, previamente, se dinamitó el marco democrático de relaciones laborales que establecía nuestro Derecho del Trabajo, convirtiendo el Estatuto de los Trabajadores en una mera caricatura de lo que fue y estrangulando la negociación colectiva, para otorgar todo el poder al empresario, propiciando el descuelgue del convenio como norma y dando prevalencia aplicativa al convenio de empresa frente al convenio sectorial. De esta forma se ha convertido a las pequeñas empresas, más del 90% de las existentes en Navarra y en España, que carecen incluso de representación sindical, en auténticos cortijos sometidos a la caprichosa decisión del dueño.

Así llegamos a alcanzar tasas de paro que rozaron el 18% en Navarra (en España sobrepasaron el 25%) para situarnos ahora en el 12,41%, triplicando todavía la de 2007; así contemplamos con pavor la destrucción de casi 37.000 empleos entre 2008 y 2013, de los que apenas hemos recuperado 11.500; y así se ha instalado en nuestro mercado laborar una precariedad salvaje, que se traduce en una temporalidad enorme e injustificada: más del 94% de los contratos son temporales y casi un tercio de dichos contratos dura menos de un día, mientras que los contratos a tiempo parcial suponen casi un tercio del total de contratos y más del 60% de la parcialidad es involuntaria.

Pero hay más. Todo este deterioro de las condiciones de trabajo ha empobrecido a nuestra sociedad, hasta el punto de que, desde 2009, la renta anual por persona ha caído en Navarra un 6,17% (875 euros menos) y la renta por hogar, un 12,39% (4.665 euros menos al año).

Y en paralelo, eso que se llama salario diferido, que recibe el ciudadano en forma de servicios públicos (sanidad, educación, dependencia, protección por desempleo, prestaciones sociales, etc.), ha sufrido drásticos recortes que, no es difícil aventurar, han ido en buena parte a financiar los más de 40.000 millones de euros del erario público destinados a sanear la banca, principal desencadenante, ella sí, de la crisis y la gran recesión.

Así pues, hay que empezar a reparar daños, y el crecimiento neto de los salarios en una cuantía suficiente para ir recuperando poder adquisitivo es una medida imprescindible. Un aumento que nuestro sindicato estima que debe estar entre el 1,8% y el 3%. Pero sin el beneplácito de la patronal a esa horquilla de incrementos salariales no será posible la reedición de un nuevo acuerdo marco sobre negociación colectiva. Porque para la UGT, la mejora salarial es en este momento clave para cualquier pacto.

Habrá quien nos acuse de poner el acento exclusivamente en los trabajadores con empleo y en sus condiciones económicas, pero a nadie se le debería escapar que sólo mediante una mejora sustancial del poder de compra de los trabajadores empleados, será posible un aumento también significativo del consumo y, por efecto, de la inversión, factores fundamentales para el crecimiento económico y la generación de empleo de calidad, que requiere, en paralelo, la reposición de los derechos laborales y sociales que nos han arrebatado. Pero para eso ya está el Parlamento.

En definitiva, nuestra situación económica y social exige una vuelta al estilo de un calcetín y la mejora de los salarios es coger el calcetín por la punta y estirar. Lo vamos a intentar desde el diálogo y la concertación. Pero si no encontramos disposición en la patronal, pelearemos por lo que es justo y necesario para los trabajadores y para el conjunto de la sociedad empresa a empresa, donde sea posible, y sector a sector. Y ya se sabe que donde no hay acuerdo, hay conflicto. Esperemos que imperen la justicia y la inteligencia.

Artículo publicado por Diario de Navarra el 17 de enero de 2017.

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