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Lecciones frente a la pandemia y la crisis

24/08/2020 | Jesús Santos, Secretario General de la UGT de Navarra.

No sé si estamos entre dos olas de ese temporal desatado por la crisis sanitaria, ni si el tamaño de la que parece que se nos viene encima será similar o menor de la que ya superamos en junio, pero el horizonte sigue oscuro y no augura nada bueno. Tampoco sé si hay motivos suficientes para el pesimismo, pero me parece que lo más útil en este momento es situarse en esa versión pragmática que define al pesimista como un optimista bien informado. Porque si algo hemos acumulado tras aquel tsunami que nos arrasó a mediados de marzo es información y experiencia, para no cometer los mismos errores.

En medio de aquel desastre, de características radicalmente desconocidas y dimensión planetaria, era inevitable equivocarse, cometer errores una y otra vez, lo dije entonces y lo repito hoy, con absoluto convencimiento, porque solo el procedimiento ensayo/error permitía ir trazando la ruta de lucha contra la pandemia. Así les ocurrió a todos los Gobiernos, fueran del color que fuesen, con todos los matices que se quieran, que los hubo, porque algunos se equivocaron más que otros, y porque algunos ya se habían equivocado más que otros con anterioridad, por ejemplo, aplicando recortes todavía más salvajes a la sanidad pública.

Por eso creo que hoy estamos muchísimo más preparados a todos los niveles, pero especialmente en el plano social, desde el punto de vista de la prevención, y en el plano sanitario, desde la perspectiva asistencial. Hemos aprendido a protegernos más eficazmente, otra cosa son los comportamientos irresponsables, que los hay y no pocos, y hemos avanzado en el tratamiento de la enfermedad, con el conocimiento adquirido y dotando a nuestro sistema sanitario de muchos más medios, especialmente de detección precoz del virus, que es la mayor garantía para que no volvamos a situaciones de descontrol.

Primera lección: necesitamos un sistema público de salud fuerte y bien dotado de profesionales y medios materiales y ello exige inversión pública suficiente. Por tanto, si falta dinero, habrá que buscarlo donde sea, mediante endeudamiento, reforzando la recaudación fiscal o por ambas vías a la vez, que es lo que mi sindicato, la UGT, piensa que hay que hacer.

Porque, como dijimos cuando se decretó el confinamiento general, sin salud, no hay trabajo. O resolvemos el problema sanitario o logramos colocarlo, al menos, bajo un estricto control, o la economía, que navega muy mal entre incertidumbres, no acabará de despegar y la crisis seguirá golpeando con crudeza a sectores mayoritarios de nuestra sociedad.

En este capítulo, hay que reconocer al Gobierno de Navarra y a su Departamento de Salud los esfuerzos que están realizando, con una gestión política más que aceptable, y, especialmente, con una excepcional disposición y entrega de los profesionales sanitarios.

Segunda lección: la hemorragia que la paralización de la actividad ha provocado en términos de empleo, especialmente juvenil, se ha conseguido contener en gran parte, gracias a esa figura novedosa que son los ERTE por fuerza mayor, que alumbramos, mediante el diálogo social y el acuerdo, Gobierno central, patronal y sindicatos. De igual manera, el establecimiento de la renta mínima vital, también nacida del consenso social y con amplio apoyo político (ni siquiera los que la calificaron de paguita bolivariana tuvieron valor para votar no) va a amortiguar la situación de necesidad provocada en quienes efectivamente están perdiendo el empleo, que cada vez son más.

Vamos a necesitar seguir buscando fórmulas e instrumentos para salvar empresas y puestos de trabajo y, paralelamente, para reactivar la actividad económica en sectores cuya recuperación va a ser más tardía. En este sentido, habrá que combinar medidas de impulso a la actividad y el empleo, con la extensión de herramientas de protección social, como los ERTE, en sectores donde son imprescindibles y hasta tanto sea necesario. Y esto también va a requerir de recursos económicos extraordinarios.

Y no debemos olvidar la necesidad de corregir la reforma laboral, eliminando de forma permanente y no solo mediante medidas excepcionales y coyunturales, como las que se han adoptado con motivo de la crisis sanitaria y la paralización de la actividad, sus tres efectos más perniciosos: la precarización del empleo, verdadero objetivo de aquella nefasta reforma; el despido prácticamente libre y barato, como principal medida de flexibilidad y ajuste; y la desactivación de la negociación colectiva, como fundamento de las relaciones laborales.

Tercera lección: es la hora de la política con mayúsculas, de la unidad de esfuerzos entre Gobierno y oposición para dar repuesta a los problemas originados por la pandemia y la crisis y a las necesidades de los ciudadanos, en Navarra y en el conjunto de España. Sobran tacticismos y partidismos de corto alcance. La sociedad demanda grandes planes estratégicos para salir adelante. Y en nuestro caso, en Navarra, amplios acuerdos entre las principales fuerzas parlamentarias para impulsar un plan de reindustrialización de nuestra Comunidad, un plan de desarrollo y renovación de infraestructuras, un plan de de reforzamiento y ampliación de servicios sociales y asistenciales básicos, y un plan de apoyo a la hostelería, al comercio y al turismo, que están siendo los sectores más golpeados.

Estoy convencido de que, cuando llegue el momento de volver a las urnas, la ciudadanía sabrá premiar a quienes en esta situación tan dramática hayan sido capaces de actuar con inteligencia, ambición y generosidad, anteponiendo los intereses de la mayoría a los suyos particulares.

Jesús Santos, Secretario General de la UGT de Navarra.

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