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El Gobierno posible y legítimo

13/01/2020 | Jesús Santos, Secretario General de la UGT de Navarra.

A la vista del resultado de las segundas elecciones generales celebradas este año, en mi opinión bastante peor desde todos los puntos de vista que el registrado en las primeras, y del posicionamiento de las diferentes fuerzas políticas con representación parlamentaria, el Gobierno progresista de coalición que se ha conformado era el único posible, y aunque las mimbres con las que se ha trenzado la investidura no fueran precisamente las más deseables, es un Gobierno absolutamente legítimo.

De estas últimas elecciones, las izquierdas salieron más débiles, las derechas más extremas y los nacionalismos, no solo los periféricos, más fuertes y numerosos. La atomización parlamentaria hacía imposible cualquier mayoría absoluta que no fuera la suma de los dos primeros partidos, es decir la llamada gran coalición, descartada desde el minuto uno posterior al escrutinio, cuando el líder del PP, en vez de reconocer la victoria del PSOE y felicitar a su candidato, pidió su dimisión.

Es lo que hay y no es lo peor que podía haber habido. El tiempo y la acción del Gobierno darán o quitarán razones a esta afirmación, aunque el juicio se realizará, necesariamente, en función del prisma con que se mire. En el caso de un sindicato como la UGT, en función de que las medidas legislativas y gubernamentales que se adopten contribuyan a recuperar y extender el Estado Social, primer pilar de nuestro modelo constitucional y objetivo prioritario de las ofensivas neoliberales. Sin descuidar los otros dos pilares de nuestro Estado, también definido como Democrático y de Derecho, amenazados por ultras de diferente especie.

Porque aunque todos dicen querer una España más justa, más rica y más democrática, unos se conforman con que se cree más empleo, aunque no permita llegar a fin de mes, y otros exigimos que sea digno, con derechos y con buenos salarios. Unos defienden la preponderancia de la actividad privada en la prestación de los servicios básicos, como la sanidad y la educación, y otros abogamos por servicios públicos de calidad, universales y gratuitos para todos los ciudadanos. Unos creen que el sistema de pensiones es insostenible, a no ser que se apliquen recortes y se fomenten los planes privados, y otros pensamos que unas pensiones públicas dignas, sostenibles y revalorizadas anualmente en función del alza de los precios deben ser una prioridad en el gasto público, de manera que los ingresos por cotizaciones se complementen, si es preciso, desde los Presupuestos Generales del Estado.

Podríamos seguir subrayando matices diferenciales hasta el aburrimiento, porque el pacto social que dio lugar al Estado del Bienestar tras la II Guerra Mundial quebró en los años 80, con el triunfo del neoliberalismo patrocinado por Reagan y Thatcher, y la Gran Recesión de 2008 desmanteló sus principales instituciones y conquistas, abriendo una nueva fosa cada vez más ancha entre ricos y privilegiados, de un lado, y pobres y precarizados, del otro.

Y en ese contexto, las desigualdades crecientes, la existencia de perdedores dispuestos a agarrarse a ilusorias tablas de salvación y la proliferación de salvapatrias nacionalistas, populistas y neofascistas representan un peligro real para la cohesión social, la democracia y la paz.

Por eso creemos que merece un voto de confianza el Gobierno de coalición que se ha conformado sobre la base de un programa que ofrece medidas para lograr una sociedad más justa, mediante la potenciación del crecimiento, un reparto más equitativo de la riqueza, la recuperación de derechos laborales y sociales, y mayor inversión en innovación, investigación y educación, con respeto a exigencias medioambientales que ya son una urgencia planetaria.

Un Gobierno que ofrece diálogo en el marco de la Constitución y de las leyes para zurcir los desgarros territoriales provocados por torpezas, deslealtades, insolidaridad y manipulación interesada y partidista de sentimientos de pertenencia, que no necesariamente son incompatibles y, de hecho, no lo han sido durante muchísimo tiempo.

Y un Gobierno, por último, que atienda las demandas de Navarra, una Comunidad foral, solidaria y leal al mismo tiempo, en materia de infraestructuras estratégicas para nuestro desarrollo, que dependen en buena parte del impulso estatal, como son el tren de altas prestaciones y la finalización del Canal de Navarra.

Necesitábamos imperiosamente un Gobierno y ya lo tenemos. Pero también necesitamos una oposición constructiva, capaz de elevarse sobre sus propios intereses para contribuir, desde la también legítima discrepancia, al interés general. Una oposición que controle, critique y proponga, no que grite, descalifique y deslegitime. Y sería muy deseable que también en este terreno, como lo es y lo ha sido en muchos otros en nuestra historia reciente, Navarra sea ejemplar y se identifique con las mejores tradiciones democráticas del espacio europeo al que pertenecemos.

Jesús Santos, Secretario General de la UGT de Navarra.

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