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El futuro de ZF-TRW lo garantiza la negociación, no los despidos

01/02/2016 | Lorenzo Ríos, Secretario General de MCA-UGT de Navarra

Detrás del conflicto que se ha producido en la planta de TRW de Landaben hay, en primer lugar, un problema de enfoque, que tiene que ver con la perspectiva con la que abordamos la situación cada una de las dos partes. La multinacional ha puesto el foco en las condiciones de trabajo y en la regulación de empleo, mientras que nosotros pretendemos colocarlo en la necesidad de inversiones, producto y garantías de futuro. La empresa ha decidido actuar aprovechando la reforma laboral, pero la solución a los problemas que puedan existir sólo vendrá de la negociación y el acuerdo.

Y es que, negociación y acuerdo entre capital y trabajo, entre representación empresarial y sindical, forman parte del ADN de las relaciones laborales en TRW. En esta fábrica, históricamente, ha habido un modelo de relaciones laborales basado en la concertación, impulsado por la mayoría sindical, que fue capaz de anticiparse a los cambios y que permitió a TRW fuese la primera industria en pactar fórmulas de flexiblidad interna que posibilitaron la apertura de la fábrica 360 días año, cuando no se contemplaban ni en la legislación laboral, ni en los convenios colectivos de aquel momento. Más recientemente, en los dos últimos convenios colectivos, la mayoría sindical hizo concesiones de contención de costes salariales y flexibilidad en la jornada para crear condiciones de competitividad y garantizar el empleo a largo plazo.                                                                                                                              Como consecuencia de este modelo, de la vieja Torfinasa a la TRW actual, esta planta ha tenido un fuerte desarrollo tecnológico, que la ha situado durante un largo ciclo de tiempo como una industria referente de la Comarca de Pamplona, con sus 620 puestos de trabajo actuales. Hemos sido capaces de conseguir dos décadas de estabilidad gracias a la predisposición empresarial al diálogo y a una política de corresponsabilidad sindical, con una apuesta mutua por el futuro. Y estamos seguros de que si abordamos las dificultades que plantea la multinacional en este momento, que no negamos que puedan existir, pero sobre cuyo fundamento económico exigimos mayor claridad y transparencia, sin dinamitar un modelo que ha funcionado bien hasta la fecha, podremos conseguir garantías de futuro para, al menos, otros diez años.

La negociación colectiva consiste en buscar el equilibrio entre logros y cesiones, y en el caso concreto de ZF-TRW hay una exigencia sindical en la que no vamos a ceder: queremos un plan de inversiones y nuevos productos que sustituyan a los actuales. El modelo de comparar las condiciones de trabajo con los países de bajo coste y mejorar la competitividad devaluando el trabajo pertenece al pasado. Y no lo decimos nosotros, lo dicen expertos de acreditada trayectoria.

El futuro pasa por el desarrollo tecnológico y por aprovechar las ventajas que otorga el efecto “localización”, que en el caso del sector auxiliar de automoción, significa ubicarse en las proximidades de la industria matriz. Hay que tener en cuenta que mientras los costes salariales pueden representar en torno al 6% del coste del producto, los costes logísticos pueden llegar a multiplicar ese porcentaje hasta por tres o cuatro veces. Por tanto, acercar la fabricación a la matriz para reducir esos costes, junto a una política energética que abarate el suministro y el diferencial con respecto a otros países, que alcanza hasta un 20%, y un modelo de concertación basado en la búsqueda de soluciones conjuntas, son factores clave para la competitividad de nuestra industria de componentes.

Así pues, frente al modelo de imposición con el que se ha presentado la dirección de ZF-TRW, nosotros defendemos más negociación. No nos da miedo hablar de los problemas estructurales de nuestras industrias, porque somos lo que más nos jugamos, porque sabemos que el futuro del empleo está en la industria de componentes, pero negociar exige en este momento retirar el ERE y la amenaza de despidos y poner encima de la mesa un plan de reindustrialización que garantice inversiones, tecnología y empleo, es decir, futuro.

La situación que estamos viviendo en ZF-TRW es la punta del iceberg de un problema en el que también se tiene que implicar la Administración. Porque está muy bien elaborar un plan de ayudas a la industria matriz, pero, junto a ello, es imprescindible adoptar compromisos de “localización” de la industria auxiliar, compromisos de regionalización de las empresas de componentes. Y aquí debe jugar un papel fundamental el Gobierno de Navarra, recuperando la concertación con los agentes sociales a la hora de planificar y desarrollar una nueva política industrial para nuestra tierra.

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