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Concertación: ¿gran estafa o éxito social?

22/11/2016 | Jesús Santos, Secretario General de la UGT de Navarra

Con motivo de la reciente comparecencia parlamentaria del vicepresidente Ayerdi para presentar el borrador del nuevo Plan de Empleo 2016-2019, las crónicas periodísticas hacían referencia a la intervención del parlamentario de Podemos, Carlos Couso, que, para centrar el tema y con la sutileza que le caracteriza, calificó de “gran estafa” los 20 años de concertación en Navarra.

Esta afirmación es simplemente una boutade, una descalificación sin base alguna, más allá del estrabismo ideológico que caracteriza a este antiguo anarcosindicalista reconvertido a anarquista de salón (de plenos). No por mucho repetir una falsedad, como hace una parte del desafinado coro político y sindical que apoya o encorseta al Gobierno de Barkos, Ayerdi y Laparra, se convierte en verdad.

La concertación no sólo no ha sido una estafa económica, como pretenden hacernos creer algunas fuerzas del nuevo régimen, insinuando, con tanta constancia como carencia de pruebas, malversación de fondos públicos, sino un éxito social, en términos de empleo, desarrollo, progreso y bienestar. Un éxito, además, gestado y gestionado desde posiciones políticas y alineamientos de clase contrapuestos. Una herramienta que, conviene recordar, fue esencial para construir el modelo social europeo de postguerra y el estado de bienestar levantados, desde la perspectiva política, por las izquierdas democráticas y las derechas antifascistas y, en el ámbito económico, por los representantes del capital y del trabajo. Un modelo denostado, acosado y semiderruido por el neoliberalismo, ante la inacción cuando no complicidad de sus creadores, especialmente inexplicable en las filas socialdemócratas, y la colaboración entusiasta de populismos de diferente cuño.

Entre 1995, año de la firma del Acuerdo Intersectorial de Navarra sobre Relaciones Laborales, y 2007, año previo a la crisis, primero financiera y luego económica, esa sí, una enorme estafa que hemos padecido durante ocho largos años los trabajadores, la tasa de paro no sólo se redujo en nuestra Comunidad a una tercera parte, situándose en el 4,29% o lo que técnicamente se considera pleno empleo, sino que nuestro diferencial con la media española se mantuvo en el peor de los años en 6,5 puntos menos de paro, exactamente la misma diferencia que entre 2007 y 2016, ciclo en el que se ha disparado el desempleo como consecuencia de la crisis y de las nefastas reformas laborales.

En lo tocante al empleo, entre 1995 y 2007, el número de trabajadores ocupados creció en Navarra en 101.400 personas (un 52%), mientras que desde 2007 hasta este año el empleo se ha reducido en 25.000 personas (un 9,28%), cifra sensiblemente inferior al empleo destruido en el conjunto de España en el mismo periodo. Y la evolución positiva también se ha visto reflejada en las condiciones de trabajo, con salarios medios siempre superiores a la media nacional y entre las tres o cuatro Comunidades que lideran el ranking, antes y después de 2007, y con una siniestralidad laboral que no paró de descender desde los 80,4 accidentes por cada mil trabajadores del año 2000 a los 28,2 del año 2012, para cambiar de signo desgraciadamente en 2013.

Pero la concertación social, que a la vista de las cifras ha servido para maximizar beneficios y minimizar daños, es posible cuando las partes intervinientes son realmente conscientes de su necesidad. A veces, los gobernantes consideran innecesaria la interlocución con los agentes económicos y sociales, pues creen tener la solución a los problemas y, por lo tanto, el protagonismo exclusivo.

Creo sinceramente que los grandes avances en el bienestar de los navarros se han producido en buena parte por el encuentro y la concertación entre posiciones contrapuestas. Experimentar fórmulas alternativas desde la unilateralidad, prescindir de instrumentos y programas que han funcionado y eliminar fórmulas de participación y cogestión de quienes protagonizamos en primera línea la vida económica y social de nuestra Comunidad, como parece desear la coalición gobernante, puede poner en riesgo lo ya conseguido. Pero eso es algo que debe decidir el Gobierno, si le dejan sus socios.

En relación con el Plan de Empleo, nuestra función como sindicato mayoritario es apuntar los tres retos que consideramos prioritarios: dotar a los puestos de trabajo que se están creando de una calidad y estabilidad que no tienen; reducir significativamente la siniestralidad laboral y eliminar las desigualdades que ensombrecen nuestro panorama laboral y que afectan especialmente a jóvenes, mujeres y trabajadores inmigrantes.

En nuestra opinión, debemos hacerlo utilizando esa exitosa herramienta que es la concertación social y que se traduce en diálogo, negociación y acuerdo, que, por cierto, también está tratando de impulsar el Gobierno Vasco, por encima de los saboteadores político-sindicales que compartimos.

Artículo publicado en Diario de Navarra el 17 de noviembre de 2016.

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