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Combatir con unidad todas las formas de violencia machista

22/11/2019 | Marisol Vicente, Secretaria de Política Sindical e Igualdad de la UGT de Navarra

En 1997 muere asesinada Ana Orantes, quemada viva por quien había sido su marido. Este crimen estremeció a todo el país, sacó por fin del silencio la violencia de género, colocó el foco en el sufrimiento de las víctimas y sacudió la conciencia ciudadana. El trabajo sostenido desde aquellos años, situó a España en la vanguardia de la lucha contra esta violencia. Veintitrés años después vuelven a encenderse todas las alarmas.

Desde que se empiezan a recopilar datos el 1 de enero de 2003 hasta el 31 de octubre de este año, la violencia de género ha segado 1.026 vidas humanas, 12 de ellas en Navarra. El último estudio sobre violencia y juventud confirma que los comportamientos violentos se transmiten de generación en generación.

La violencia de género está aumentando, no solo la violencia física, también psicológica, sexual y económica, y no solo en el entorno de la pareja, sino en todos los ámbitos privados y públicos. Pero hay un elemento esencial para combatirla que es el empleo. La independencia económica es un elemento crucial. El 82,5% de las mujeres que han sufrido violencia son dependientes económicamente.

La inserción laboral de las mujeres víctimas de violencia machista debería estar garantizada de forma efectiva, pero no es así, por lo que es necesario que las políticas públicas adopten medidas ágiles, efectivas y suficientes para lograr este fin.
Y no hay que olvidar que el acoso sexual en el trabajo y el acoso por razón de sexo, constituye otra manifestación más de la violencia de género que sufren las mujeres, en este caso en el ámbito laboral.

El acoso sexual y el acoso sexista es un fenómeno habitual, normalizado y muy extendido, pero un gran número de casos no llega a denunciarse como consecuencia de la escasa sensibilización social, el miedo al despido, la dificultad para conseguir pruebas o unos insuficientes canales de denuncia. Muy a menudo, denunciar acoso sexual en el trabajo, conduce al despido o al aislamiento de la víctima en la empresa.

Y de la misma manera que surgen nuevas formas de trabajo, están surgiendo nuevas formas de ejercer la violencia contra las mujeres. El uso de Internet, de dispositivos móviles, redes sociales y servicios de mensajería instantánea o geolocalización han dado pie a nuevas formas de ejercer la violencia contra las mujeres, facilitando conductas de control, intimidación, amenazas, acoso, humillación. Su gran capacidad de difusión y viralización hacen difícil su eliminación.

Un estudio publicado en 2018 por el Parlamento Europeo revela que las mujeres están siendo específicamente atacadas por la violencia cibernética. Un 20% de las mujeres jóvenes de la Unión Europea han sufrido acoso sexual cibernético, una realidad que exige poner en marcha un protocolo específico de actuación frente a esta nueva modalidad de violencia machista.

No será posible acabar con la violencia de género mientras no eliminemos la discriminación y la desigualdad que sufren las mujeres en todos los ámbitos y niveles. Para ello hacen falta políticas eficaces y recursos económicos.

Esta tragedia, no es un suceso, ni un fenómeno natural e inevitable, ni una desgracia que surge por sorpresa. Todas eran muertes predecibles, anunciadas, asesinatos antecedidos de desprecios, humillaciones, silencios, sufrimiento, malos tratos. Vidas truncadas tiempo atrás a las que no se dio protección, a las que nadie ofreció las respuestas, la ayuda y el apoyo que necesitaban y merecían.

El Gobierno no debe escatimar recursos a la lucha contra la violencia, y es necesario incluir la prevención en todos los ciclos educativos, con programas de prevención e intervención eficaces, previa formación de los profesionales que trabajan con jóvenes. Desafiar la tolerancia a esta violencia pasa por la ampliación de campañas institucionales que ayuden a la toma de conciencia sobre el daño que la violencia de género provoca al conjunto de la sociedad.

Necesitamos respuestas consensuadas para poner fin al silencio, para apoyar a las mujeres y a las niñas, para reforzar la especialización que reclama una buena aplicación de ley. Necesitamos consensos que no pueden ser ajenos al fomento de las políticas de igualdad, porque la seguridad y supervivencia para las víctimas de la violencia se halla estrechamente relacionada con la solidez de los logros que vayan alcanzando el conjunto de las mujeres. Finalmente, debemos articular políticas que impliquen a los hombres para que nos movilicemos conjuntamente contra la violencia con la valentía y resolución que se precisa.

Y necesitamos combatir desde la unidad el negacionismo y las pretensiones de regresión que está alentando la extrema derecha, chantajeando y logrando, a veces, la complicidad de algunas fuerzas democráticas. No es con disensos, ni con falsedades como debe combatirse esta terrible realidad. Es imprescindible un gran acuerdo entre partidos políticos, instituciones y sociedad civil que exprese el sentir de la inmensa mayoría, para acabar con esta barbarie que ataca a la convivencia ciudadana.

Marisol Vicente, Secretaria de Política Sindical e Igualdad de la UGT de Navarra.

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