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Cara y cruz del teletrabajo

15/06/2020 | Marisol Vicente, Secretaria de Política Sindical de la UGT de Navarra.

El confinamiento obligado por el covid-19 ha provocado un incremento masivo del teletrabajo en nuestro país, alcanzando a casi un tercio de las personas que han podido seguir desarrollando su actividad profesional. Todos los estudios sobre esta nueva forma de organización del trabajo, mucho más desarrollada en el resto de la Unión Europea y especialmente en los países nórdicos, coinciden en subrayar los beneficios que aporta tanto a empresas como a trabajadores y trabajadoras e incluso al conjunto de la sociedad.

Los beneficios del teletrabajo son indiscutibles. El teletrabajo es una modalidad de organización del trabajo que sirve, en algunos casos, para optimizar la conciliación, aunque en sí misma no sea una medida de conciliación y se deba tener muy presente la perspectiva de género, ya que puede ser un arma de doble filo para la mujer. Además, en ningún caso debe impedir acogerse a las medidas de conciliación ya existentes, ni a cualquier otro derecho laboral.

Tiene otras ventajas. Su implantación contribuye a aumentar la productividad laboral (hasta un 6% según la Universidad de Zaragoza); concita un amplio consenso su utilidad para la atracción y retención del talento (especialmente entre los jóvenes, hasta el punto de representar el principal factor para estos fines, según el IV Barómetro sobre la gestión de talento de EAE); es una magnífica herramienta para reducir las emisiones CO2 en las ciudades, ya que reduce los desplazamientos al trabajo; incluso se distingue como una solución alternativa para la continuidad del sistema productivo ante hechos excepcionales (lo hemos visto durante esta pandemia, pero existen precedentes como los ocurridos en los atentados de Bruselas).

Pero junto a estas virtudes, también se han detectado problemas, en algunos casos con perfiles de auténticos abusos, relacionados con la intromisión del ámbito profesional en la vida privada, el traslado de costes de la actividad al trabajador y, sobre todo, alargamientos de la jornada de trabajo hasta extremos insoportables. Un sondeo telemático realizado el pasado mes de mayo por la Unión de Técnicos y Cuadros de UGT, al que respondieron 1.384 profesionales, técnicos y directivos de múltiples sectores, públicos y privados, detectó que en un 44,2% de los casos se había producido un incremento de la jornada laboral no justificado, que un 45,7% no tenía medios para registrar su jornada, como es preceptivo según el RD-Ley 8/2019, de 8 de marzo, y que un 31% ni tan siquiera tenía garantizado el derecho a la desconexión recogido en la Ley Orgánica 3/2018 de 5 de diciembre de Protección de datos personal y garantía de los derechos digitales.

No sorprende, por tanto, que el teletrabajo tenga una percepción bastante negativa entre buena parte de las personas trabajadoras, tal y como pone de manifiesto el estudio Deep View, que apunta como principal motivo de queja que su concesión por parte de la empresa, en demasiadas ocasiones, se efectúa bajo criterios poco profesionales, otorgándose a cambio de prolongar la jornada laboral, incrementar la disponibilidad horaria o como una suerte de favor que deberá devolverse más adelante.

Todo ello apunta a la necesidad de dotar al teletrabajo de un marco legal que impida que se convierta en una nueva fuente de precariedad laboral, evitando que se convierta en un medio para ahorrar costes a cuenta de las trabajadoras y trabajadores, socavando sus condiciones laborales y vulnerando el derecho a la desconexión digital.

Hace falta una regulación normativa que vaya más allá del Acuerdo Marco Europeo sobre Teletrabajo de 2002 y, en todo caso, es necesario que la negociación colectiva cubra el vacío legal que existe en este momento, estableciendo que la aplicación de esta forma de actividad se acuerde con la representación sindical, garantizando la igualdad de derechos laborales y remuneraciones de las personas que teletrabajan con respecto a la plantilla presencial, regulando los acuerdos individuales de teletrabajo, el procedimiento de acceso y la reversión, así como la duración de la prestación, que los expertos recomiendan que nunca sea inferior a un año.

Todo ello requiere un cambio de mentalidad sobre nuestra concepción del trabajo y de las relaciones laborales, ya que si por algo se caracterizan aquellos países donde triunfa el teletrabajo es por desplegar una cultura de gestión laboral basada en la confianza y en la libertad con responsabilidad. Se trata de una concepción de las relaciones laborales donde la persona trabajadora es autónoma por definición, donde su desempeño está sujeto a objetivos empresariales predefinidos, razonables y alcanzables, sometidos a control, pero siempre bajo un enfoque que prioriza el trabajo bien hecho sobre el lugar donde se trabaja.

Marisol Vicente, Secretaria de Política Sindical de la UGT de Navarra.

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