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La amenaza de la desigualdad

03/05/2018 | Jesús Santos Pérez, Secretario General de la UGT de Navarra

El balance de los diez años transcurridos desde el inicio de la crisis y los seis de ese armazón legal con el que se blindó la fuerza del capital para gobernar el mundo del trabajo a su antojo han dejado una herencia en forma de tumor que ha empezado devorar el tejido social y que, como consecuencia, se ha convertido en una seria amenaza para la democracia: la desigualdad.

No se trata ya sólo de la clásica dicotomía entre ricos y pobres, con cada vez mayor riqueza acumulada en menos manos, mientras se extiende el número de personas que malviven o sobreviven por debajo del umbral de la pobreza. Me refiero a la desigualdad entre quienes tienen un empleo y quienes no lo consiguen, entre mujeres y hombres, entre jóvenes y veteranos, entre quienes tienen un empleo digno y quienes sufren la precariedad, entre quienes tienen unos ingresos razonables o sólo una caricatura de nómina, entre directivos y empleados.

Hay ejemplos sonrojantes. Los altos ejecutivos de las empresas del Ibex 35 ganaron el año pasado casi 98 veces más que sus empleados. Pero no hay que mirar tan arriba. En el plano doméstico, la brecha o diferencia salarial entre hombres y mujeres en Navarra alcanza los 8.164,29 euros al año, la mayor de España en términos absolutos, la única que supera los 8.000 euros y la tercera más alta en porcentaje (un 28,42%). Y entre el 10% de los salarios más altos y el 10% de los más bajos, la diferencia media se situaba en 33.403 euros al finalizar 2015, último dato oficial conocido, un 16% más que en 2008, ya que mientras los salarios mayores crecieron en esos siete años un 11,36%, los salarios menores se redujeron un 3,50%.

La clave de esta suma de abismos que están resquebrajando nuestra sociedad, rompiendo los listones mínimos exigibles, deseables y necesarios de cohesión social está en la nefasta reforma laboral de 2012. Ahí radica el origen de casi todos los males del mercado laboral, puesto que lejos del argumentario que empleó el Gobierno de Rajoy para justificarla, ese nuevo marco legal impuesto a golpe de mayoría absoluta, por convicción propia y por presión externa, apuesta por un mercado laboral desregulado, mediante el encorsetamiento de la negociación colectiva y el debilitamiento de la capacidad negociadora de los sindicatos, y por una degradación salarial y laboral, desposeyendo al trabajador de derechos y de capacidad de defensa y respuesta, como elemento fundamental de competitividad.

Gravísimo error, como se demuestra día a día, que nos lleva a reclamar la derogación de esa reforma y el restablecimiento de un marco de relaciones laborales equilibrado entre las partes, que permita, a través de una negociación colectiva, con toda su potencialidad original, recuperar un empleo que pueda denominarse tal, que permita vivir y no solo sobrevivir, con derechos, en condiciones dignas y concebido para sostener la empresa del futuro. Una empresa que requiere inteligencia, formación y cualificación más que fuerza; diálogo, confianza y participación más que imposición; y reconocimiento y compensación adecuadas del esfuerzo y la implicación de las plantillas, más que ignorancia y desprecio.

Si no corregimos con urgencia la deriva actual de nuestro mercado de trabajo, si no atajamos las brechas de desigualdad que se nos están abriendo y que están dejando por el camino a colectivos que en muy poco tiempo constituirán la mayoría de nuestra sociedad, estaremos provocando alienación, marginación y dolor masivos, que son gérmenes de desestructuración y rencor social, el mejor caldo de cultivo para que prenda la demagogia populista y/o fascista. De hecho, la estamos viendo avanzar no sólo en países del antiguo espacio comunista, sino en democracias que creíamos consolidadas y vacunadas contra este tipo de amenazas.

Ésta es la reflexión central que hemos realizado con motivo de la celebración del 1º de Mayo de 2018. Asentar los valores democráticos exige recuperar y blindar nuestro Estado de Bienestar. Exige reconstruir una sociedad con mayores cotas de igualdad, con mejor empleo, con estabilidad y seguridad en el trabajo, con pensiones decentes. Decimos que es tiempo de avanzar. Si las trabajadoras y trabajadores avanzamos, avanzará el conjunto de la sociedad, avanzará Navarra. Si no, fracasaremos colectivamente. Sin duda.

Jesús Santos Pérez, Secretario general de la UGT de Navarra.

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