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El convenio sectorial como herramienta de cohesión social

02/09/2015 | Javier Lecumberri Urabayen, Secretario General UGT Navarra

La reforma laboral del PP ha determinado que la regulación de las condiciones establecidas en un convenio de empresa en materia salarial tenga prioridad aplicativa respecto a las pactadas en el convenio sectorial correspondiente. Esta norma, que altera toda la filosofía sobre la que se ha asentado hasta ahora la negociación colectiva en España y en Navarra, está provocando una proliferación de convenios de empresa, especialmente en empresas multiservicios, cuyo objetivo básico es reducir los salarios recogidos en los convenios sectoriales.

En Navarra hay una conciencia sectorial asentada, tanto en las asociaciones empresariales como en las empresas del sector de servicios. De hecho, la UGT ha firmado en nuestra Comunidad con estos representantes empresariales numerosos convenios que se encuentran en el ámbito de aplicación de estas empresas multiservicios, entre otros, los convenios sectoriales de Hostelería, Limpieza de Edificios y Locales, Transporte de Mercancías y Viajeros, Oficinas y Despachos, Comercio de Alimentación, Comercio de Metal, Gestión Deportiva o Ambulancias de Navarra. Estos convenios nos han permitido a ambas partes dotarnos de una norma común, que regula de forma equilibrada las condiciones laborales y salariales de los trabajadores y proporciona a los empresarios un marco competitivo y organizativo uniforme, adaptado a las necesidades de cada sector, garantizando a la vez un clima de paz social.

La propia norma laboral vigente, ante las dificultades económicas que puedan acreditar las empresas, ya permite articular un procedimiento de descuelgue para dejar de aplicar temporalmente las condiciones salariales, sin necesidad de recurrir a convenios de empresa que rebajan los salarios desde el inicio y de forma permanente. Porque esta dinámica de ruptura de los convenios sectoriales y atomización de la negociación colectiva en convenios de empresa, que no son sino ficciones legales que permiten al empresario imponer a sus trabajadores las condiciones mínimas del Estatuto de los Trabajadores, además de causar un grave quebranto económico a las personas afectadas, están introduciendo unos niveles de desigualdad salarial y laboral inaceptables.

Tal y como denunció recientemente la UGT, algunos de estos llamados convenios de empresa han ampliado para sus trabajadores la jornada laboral entre 71 y 153 horas respecto a la fijada en el convenio sectorial y han rebajado los salarios entre un 26% y un 53%, lo que en euros contantes y sonantes significa cobrar entre 3.461 euros menos al año en el menor de los casos y 11.573 euros en el caso máximo, según la categoría laboral y el convenio sectorial de aplicación. Parece evidente, además, estamos ante claros ejemplos de “dumping empresarial” o competencia desleal, que las propias organizaciones empresariales debería ser las primeras interesadas en impedir.

Un convenio de empresa, allá donde se ha firmado, ha tenido siempre la finalidad de mejorar las condiciones generales fijadas en el convenio sectorial. Lo contrario, pretensión última de la reforma laboral, es desvirtuar la negociación colectiva, con la consecuencia ya comentada de incrementar las desigualdades, generando un auténtico ejército de trabajadores pobres, sometidos a bajos salarios y contratos temporales y a tiempo parcial.

Cambiar o impedir que se extienda esta dinámica es responsabilidad de todos. De las organizaciones sindicales, que debemos ser capaces de negociar en el ámbito sectorial con inteligencia, pero también de las patronales, a cuyos representados no puede interesar que las relaciones laborales pasen a estar regidas en Navarra por la ley de la jungla. Y ya hemos establecido pautas conjuntas de actuación. Ahí está, por ejemplo, el Convenio de Comercio de Alimentación, que establece un mecanismo que obliga a una reducción proporcional de la jornada laboral si los salarios del convenio de empresa son inferiores a las tablas pactadas en el convenio sectorial.

Ésa es la dirección que debemos seguir para evitar una degradación generalizada de las condiciones de trabajo, una competencia desleal entre empresas y un alejamiento de los parámetros de cohesión social que caracterizan a las sociedades prósperas y avanzadas. Por eso es necesario que realicemos una reflexión conjunta sobre el papel que debe jugar cada tipo de convenio sea sectorial o de empresa, pensando siempre en el interés general y con un horizonte de medio y largo plazo. Lo contrario, como suele decirse, es pan para hoy y hambre para mañana.

Publicado en Diario de Navarra

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